Si
son de los que ya les viene bien cansarse caminando
mientras contemplan auténticas obras de arte,
tendrán metros y metros para hacerlo si visitan
el Museo de Israel en Jerusalén. Es el más
grande de la capital y en él encontrarán
obras judaicas (tanto arqueológicas como
antropológicas) de un valor incontestable.
Por ejemplo, podremos dar con fragmentos de manuscritos
bíblicos. Además, su jardín,
que conecta con el Monumento al Libro, tiene obras
de Picasso y Henry Moore. Un lujo.
E n el Museo de Arqueología Rockefeller también
contiene historia judaica. Y muy interesante, por
cierto. En sus instalaciones (hay que recordar que
el edificio está ubicado en la zona de Jerusalén
Este) podemos ver piezas antiguas descubiertos trabajos
de excavación durante le período del
Mandato Británico. Interesante.
Hay a quienes les gusta tener, sin embargo, una
visión más general de la historia
judía. De ahí que recomendemos el
Museo de la Diáspora. Y, lo dicho, allí
se nos relata, desde sus inicios, hasta su presente,
la historia del pueblo Judío.
Ya
en el aire libre, una buena opción sería
iniciar un paseo tranquilo por los Jardines Botánicos
de Jerusalén. En éstos se investigan
más de 6000 especies de plantas distintas,
cuyos orígenes son de los más variopintos.
Provienen de diversos países, algunos muy
lejanos a Israel, y encuentran en este museo un
lugar donde sobrevivir de forma cómoda y
agradable. Ya se sabe que el clima de la zona y
que el cuidado al que son sometidas, ayuda a su
futura conservación.
Sin
embargo, hay visitas y hay visitas. Una de las obligadas,
una visita que va más allá de la pura
necesidad de conocer las curiosidades de la cultura
judía, que no es poco, es la que tiene como
epicentro la visita del museo Yad Vashem. Una institución
oficial israelí que rinde homenaje a los
mártires y a las víctimas del Holocausto
nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. En su interior
podremos encontrar distintos puntos de visitas interesantes.
Entre ellos, por ejemplo, el Santuario de los Nombres
(allí constan los nombres de las víctimas
del Holocausto; también los de algunos supervivientes),
el Museo de Obras de Arte (se divulgan las obras
que se crearon en la época del Holocausto
por artistas judíos), o El Valle de las Comunidades
(donde se recuerdan las comunidades judías
que padecieron la destrucción en Europa).
Su visita, es por todo ello, una obligación.
Y un compromiso moral con la memoria y frente al
mal.